lunes, 30 de diciembre de 2013

OTRO DICIEMBRE EN EL QUILMES DE 1886 - EL GÉNERO EPISTOLAR



En una fecha como hoy, 28 de diciembre, pero 128 años atrás, no era el calor ni la falta de electricidad la preocupación de los quilmeños, el cólera volvía a azotar al pueblo. Entre los insólitos tesoros bibliográficos hallados en la Biblioteca Popular Pedro Goyena, también aparecen documentos testimoniales de la historia de Quilmes, como la carta que se transcribe a continuación hallada por Cristina Secco entre un cúmulo de papeles. En ella el primer intendente que tuvo el Partido, designado a partir de julio de 1886, por le Poder Ejecutivo, don Felipe Amoedo [1] le narra a su hijo – posiblemente Hilario - la situación sanitaria del pueblo. La carta tiene membrete e la Municipalidad. El texto está transcripto tal cual con la misma sintaxis e igual ortografía, por eso parece enrevesada su lectura.
 
MUNICIPALIDAD

           DE

      QUILMES                                                                Diciembre 28, 1886

Querido Hijo como hace tres días que no boy (sic) por casa no he podido preparate lo que has pedido, personalmente pero hablé por panteléfono [2] y hordené (sic) a Domingo pidiese todo a Demarchi, menos la maquinita de hacer hielo y esa la buscaré yo tan pronto como balla (sic) a casa que será mañana - como desde el viernes a la noche no boy a casa no he recibido la carta que me dices mandas […] por esta no hay nobedad (sic) pues como tu habrás visto por los diarios no hay pueblo donde no haya algún caso de cólera. 
En Quilmes hace 8 días vino un atorrante de los que habían tenido los Pacistas y como ya no tenían que dale lo habían abandonado y como no tenía que comer y habiendo encontrado un cajón de Damascos (sic), [3] los comió y le dio el cólera en un rancho serca (sic) de la estación, pronto que supe lo mandé sacar con Don Eduardo Fierro [4]  que precide (sic) la comición (sic) de hijiene (sic) y llevarlo a 15 cuadras de esta que tengo `preparada una buena casa con 15 camas y asistentes y todos los utiles precisos y una guardia de Policía para que nadie salga ni entre, esté enfermo mañana se da de alta. Después calló la mujer del cabo y también ha salvado. No hemos tenido más enfermos y puedo decirte que con toda la gente de la siudá (sic) esta aquí, están como hormigas tanto en el pueblo como por las chacras – no hay como para cubrir más, la comición (sic) de hijiene (sic) tiene mucho que hacer hasta de noche tiene que vijilar haber la gente que hay en las piezas y hay que estar dando ordenes de allanamiento – 

Deceo que tu lo pases bien pues por aquí no hay novedad alguna.

El Domingo vino Don Juan Francisco Vilaró [5] con Amalia y la dejó unos días. Recuerdos a Juana y a Manuela … y demás amigos que si el cólera moderase estaríamos en esa.

Tu Padre que desea Felicidades
Felipe Amoedo 



Transcripción, notas y compaginación Chalo Agnelli
Bibliógrafa Cristina Secco
Biblioteca Popular Pedro Goyena
 NOTAS


[1] Ver biografía en EL QUILMERO: http://elquilmero.blogspot.com.ar/2011/07/el-nombre-de-tu-calle-felipe-amoedo.html 
[2] La Societe du Pantelephon L. de Locht & Cía se estableció en Buenos Aires en 1881, pero Sewell Melville Bagley ya había instalado un teléfono desde Bernal hasta su fábrica de Hesperidina en Barracas al Norte.
[3] Quizá los damascos estaban verdes y le produjeron diarrea.
[4] Este Eduardo Fierro debe haber sido pariente del Dr. Edmundo Florentino Fierro o es el mismo Edmundo que nació en Quilmes el 14 de marzo de 1857, y estudió en la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires, graduándose en 1882. O hay un error en la fecha de su muerte. Según Craviotto (“Quilmes a través de los años” 2ª ed. febrero de 1968 Pág. 249) el 11 de noviembre de 1886, Edmundo Fierro fue designado por Felipe Amoedo - que había asumido como primer intendente desde julio de 1886 - presidente de la comisión encargada de velar por la higiene en el municipio ante el peligro de otra epidemia de cólera. De modo que no pudo morir el 21 de febrero de 1886, como afirma José Andrés López y Cutolo en su diccionario. O es un pariente o hay un error en la fecha de la muerte de Edmundo Fierro. Ver biografía completa en EL QUILMERO: http://elquilmero.blogspot.com.ar/2010/02/quien-fue-en-quilmes-el-doctor-edmundo.htm
[5] Juan Francisco Vilaró y Florentina Amalia Quirno Molina fueron los padres de Amalia Florencia (n. 7/11/1866) Bautizada por el padre Lorenzo Bonifacio, sus padrinos fueron, don Guillermo Quirno, natural del país, de 38 años, domiciliado en Piedad 363, y doña Manuela Vilaró de Pasalaqua, natural de Buenos Aires, de 29 años, domiciliada en Piedad 638. Sus padres tenían 30 y 27 años y vivían en la calle Lima 329. Amalia Florencia se casó con Hilario Amoedo Dupuy, hijo de Felipe Amoedo, nacido en Buenos Aires en 1856 muerto en Mar del Plata, en 1915. Esta puede ser una alusión a un posible noviazgo – tenía 30 años al recibir esa carta, ella 20 -  que ya se estaba fraguando entre las familias como era usanza en esas épocas. Tuvieron dos hijas María Petrona, y Amalia Felisa que se casó con José Antonio Alejandro Terry Quirno (1878 – 1954)



jueves, 26 de diciembre de 2013

EL CAMBIO

La Tierra es el lugar más bello para nuestros ojos que cualquiera que conozcamos, pero esa belleza ha sido esculpida por el cambio: el cambio suave, casi imperceptible, y el cambio repentino y violento. En el Cosmos no hay lugar que esté a salvo del cambio.
 

Carl Sagan
Colaboración Carlos Córdoba

miércoles, 18 de diciembre de 2013

PALO BLANCO: UN SITIO CON CERÁMICA TEMPRANA – POR EDUARDO MARIO CIGLIANO – PUEBLOS ORIGINARIOS



Gracias al generoso desprendimiento del amigo Ítalo Nonna, esplendidez que mucho tiene que ver con la actitud docente - palabra cuya etimología se origina en “dar”, “donar” – los Quilmeros podemos llegar a conocer personalidades, hechos científicos y artísticos que develan nuestras tradiciones y nuestra sustanciosa cultura. Si el señor Nonna se hubiera guardado para sí ese incalculable tesoro - acovachándolo en la oscuridad de cajones o anaqueles - que es la colección de rotograbados donados a la Biblioteca P. P. Goyena no hubiéramos podido llegar, como en este caso, a las investigaciones sobre los pueblos originarios de América y de nuestra Argentina realizadas por el Dr. Eduardo Mario Cigliano (de quien próximamente publicaremos su biografía en este blog) 
Haciendo referencia, recientemente, a la periodista historiadora Ana María de Mena, [1] reprodujimos unas palabras del profesor Lombán acerca del accionar difusor de las investigaciones del Dr. Fernando Pozzo; dice Lombán que no sirva guardarse para sí investigaciones o documentos, lo realmente provechoso es: “…dar a conocer. No atesorar para uno, sino brindar a los otros. Todo verdadero descubrimiento implica difusión y, por sobre todas las cosas, una actitud de generosidad de desprendimiento, de querer compartir el hallazgo con los demás”. 
El siguiente documento gráfico tomado de la sección ilustrada de La Prensa (rotograbado) del domingo 26 de febrero de 1967, es un aporte a nuestra historiografía, que los lectores pueden hallar en la Biblioteca Popular Pedro Goyena, ubicada en calle San Luis 948 e/Larrea y Azcuénaga (tel.: 4224-8013) Chalo Agnelli

Vista del yacimiento de Palo Blanco, donde se ralizaron las excavaciones.

"PALO BLANCO: UN SITIO CON CERÁMICA TEMPRANA"
Especial para “La Prensa”  
Quilmes, Buenos Aires. 1967.
Es evidente que a medida que se estudian los nuevos y diferentes rasgos de la actividad humana pre­histórica en el continente americano se va comprendiendo la complejidad de los mismos y la necesidad de realizar sín­tesis para poder ubicar en el tiempo y en el espacio la gran cantidad de datos que nos brindan las excavaciones y la aplicación de las nuevas técnicas de investigación.
Uno de los problemas más impor­tantes con que se enfrenta el investiga­dor en América es el que trata de los orígenes, desarrollo y difusión de la ce­rámica. 
Los vestigios culturales correspon­dientes a una etapa temprana para tra­diciones alfareras en la América del Sur son de por sí bastante significati­vas. Lo interesante es que los fechados radiocarbónicos para la cerámica más antigua no corresponden al área del Perú y Mesoamérica, pero sí existen fechas antiguas para yacimientos de Pa­namá, Colombia, Venezuela y Ecuador, que corresponden al área intermedia. 
En todos estos casos la cerámica fue hallada asociada con abundante canti­dad de valvas de moluscos, desperdicios de sus alimentos y, en pequeña canti­dad, huesos y piedras. La ubicación de estos yacimientos en zonas costeras nos habla de una economía de recolecto­res y pescadores; también es probable que hayan comenzado con la domesti­cación de ciertos vegetales. El conoci­miento de la pesca se manifiesta por el hallazgo de anzuelos de concha y de guijarros- convertidos en pesos para re­des. En otros sitios la presencia de hue­sos de animales de caza y de puntas líticas son indicios de hábitos cazadores.
 Fragmentos de cerámica alisada hallada en la conchilla cuya antigüedad, según el método del carbono 14, es de 2400 años de a.d.C.

El contenido de cerámica en estos ya­cimientos arqueológicos costeros, corres­pondientes a una etapa temprana, es lo que da un carácter particular a estos sitios, ya que la variedad técnica decorativa y la multiplicidad de formas de las piezas no están de acuerdo con la antigüedad de la cerámica para la Amé­rica del Sur. De todas maneras existen dentro do esta alfarería una serie de valores que demuestran su primitivi­dad; por ejemplo, integrantes, de la pasta, grosor de las paredes y la asi­metría de las formas. 
Puerto Hormiga en Colombia (3000- 2500 años antes de Cristo), Monagrillo en Panamá (2100 años antes de Cris­to), Rancho Peludo en Venezuela (2500 años antes de Cristo); Valdivia en Ecuador (3000-2000 años antes de Cris­to) constituyen una serie de singulares complejos arqueológicos fechados radiocarbónicamente, cuyos niveles infe­riores contienen cerámica con técnicas de decoración y formas limitadas. 
A pesar de existir entre los comple­jos arqueológicos mencionados una si­militud en la simplicidad de las formas de las piezas, en las escasas técnicas de decoración y en la gran antigüedad de los restos resultan todavía, a nues­tro modo de ver, muy escasos los ele­mentos como para poder efectuar com­paraciones entre estos complejos tan cercanos, a pesar de que presentan en algunos aspectos un cierto “aire de fa­milia”. 

PALO BLANCO 
El problema del hallazgo de una ce­rámica inicial no es un problema que pueda considerárselo como aislado. ¿Fue en realidad un procesó de lento, desa­rrollo tecnológico local? ¿O fue produc­to de una difusión a través de grupos que partieron de un foco de origen? En el área del nordeste de la provincia de Buenos Aires hemos diferenciado dos períodos que se encuentran perfectamente definidos: uno de ellos donde la cerámica está ausente y otro con cerá­mica. Por lo tanto podría pensarse que o bien falta una etapa donde la cerá­mica se desarrolló en esta área, o bien que la entrada de la cerámica se ha producido en forma brusca y por lo tanto se halla superpuesto al período sin cerámica denominado precerámico. 
El sitio por nosotros determinado se encuentra ubicado en la finca La Flo­rida, a mil metros de la costa actual del río, en el lugar denominado Palo Blanco (partido de Berisso, provincia de Buenos Aires). Esta zona presenta ca­racterísticas muy particulares, ya que en ella se distinguen cordones de con­chilla que ocupan una franja costera y que corresponden a depósitos, corres­pondientes a períodos postpampeanos, producto de una ingresión [2] marina. Es­tos depósitos marinos son producto de la acumulación de valvas de moluscos, de un proceso final del mar en retro­ceso; son depósitos de playa, más o menos paralelos a la ribera actual.
Fragmentos de alfarería que se encuentran en la capa de humus correspondientes a la fase media de la provincia de Buenos Aires.

Estos cordones conchiles naturales, que se encuentran cubiertos por una densa y compacta capa de humus, for­man suaves elevaciones sobre las que se construyen las viviendas actuales o donde se realizan explotaciones para obtener material para la elaboración derivada de las conchillas. Los estudios se realizan sobre uno de esos-depósitos de playa que se encuentran en la zona de Palo Blanco, que ha dejado el mar al retirarse y que están formados por diferentes capas de valvas de moluscos que pueden alcanzar un espesor de has­ta dos metros. Por sus características generales se ha conservado intacto a lo largo del tiempo, quedando cubierto por la capa de humus y la vegetación típi­ca de la zona. 
Estos depósitos naturales de conchas contenían en su interior gran cantidad de fragmente de cerámica, que eviden­temente se depositaron junto con las valvas de moluscos. Los fragmentos pre­sentan la particularidad de ser de re­gular tamaño, sin ningún tipo de decoración y con un alisamiento en los bor­des, de fractura como consecuencia de haber rodado, cuando estaban incluidos en el mar, previo a la depositación y for­mación del cordón conchil.

Del estudio de los fragmentos de al­farería surge una serie de caracteres que le imprimen uniformidad y que in­clusive pueden incluírselos dentro de un solo tipo. Las paredes de la cerámica son en general alisadas, sin ningún tipo de decoración; cosa contraria a lo que sucede con la cerámica de Valdivia, Puerto Hormiga, Monagrillo, donde hay una decoración y una cierta variedad en las formas de las piezas. 
Las posibilidades de poder determinar un sitio de asentamiento de la cultura correspondiente a la cerámica alisada fueron negativas, ya que es muy pro­bable que la causa de la desaparición de los sitios de habitabilidad haya es­tado dada por continuas crecientes y la utilización de materiales perecederos. 
La única evidencia fue por lo tanto la gran cantidad de fragmentos de ce­rámica alisada dentro de todo el cordón conchil en esa zona de Berisso. 
Durante los trabajos realizados en Pa­lo Blanco, además de la cerámica aso­ciada a la conchilla se hallaron materiales dentro de la capa de humus que cubría el cordón conchil. Los fragmen­tos de alfarería que se encontraron en la capa de humus tienen una decora­ción de guardas incisas, formadas por combinaciones de líneas quebradas ordenadas en serie horizontales y que­bradas dando origen a registros escalo­nados y figuras geométricas y algunos con pintura monocroma. Los bordes de fractura de esos fragmentosde cerámica son frescos y no presentan, por lo tanto, el alisamiento que es carac­terístico de la cerámica alisada y sin decoración que aparecen en las diver­sas capas de conchilla del cordón. Por lo tanto los fragmentos con decoración grabada, incisa y pintada serían corres­pondientes a un período posterior al de la cerámica alisada y sin decoración, que fue contemporánea de la formación del cordón conchil.
 Perfil del cordón conchil. Los señaladores indican las zonas donde se halla mayor concentración de cerámica alisada.

Se realizaron fechados radiocarbónicos utilizándose como muestras val­vas de moluscos que procedían de los niveles profundos del cordón en cu­yas capas se hallaba asociada la cerá­mica alisada sin decoración. Las inves­tigaciones fueron realizadas por el la­boratorio de Carbono 14 del Instituto Venezolano dé Investigaciones Científicas, dando los fechados absolutos 4.760, 3.990 y 4.250 años de antigüedad. Las muestras guardan cierta relación y en general podemos admitir una uni­formidad, que puede contar con un ma­yor apoyo si se tiene en cuenta que la alfarería alisada sin decoración fue ha­llada en una formación geológica natu­ral como es este último cordón conchil, que se encuentra en esta zona de la provincia de Buenos Aires y que en toda la bibliografía geológica es con­siderado como correspondiente a la formación postpampeana denominada querandinense. 
Palo Blanco representa uno de esos sitios de la arqueología en que por la complejidad del problema representará para los investigadores el mismo sus­penso que fueron tan comunes en otros yacimientos americanos, ya que por los limitados datos que nos puede otorgar el sitio, solamente manteniendo las ex­ploraciones e investigaciones se podrá avanzar en un problema tan complejo como es el del origen y desarrollo ini­cial de la cerámica americana.

Dr. Eduardo Mario Cigliano 
Colaboración Ítalo Nonna  
Bibliógrafos Cristina Secco y Chalo Agnelli

NOTAS



[1] http://elquilmero.blogspot.com.ar/2013/11/una-plazoleta-de-san-martin-de-los.html
[2] Neologismo

jueves, 12 de diciembre de 2013

ENTREGA DE PREMIOS DEL PRIMER CONCURSO DE POEMA ILUSTRADO Y FOTOPOEMA DE LA GOYENA - VIDEO DE ALEJANDRO RE - TERCERA PARTE



VER: http://bibliogoyena.blogspot.com.ar/2013/05/resultados-del-concurso-pedro-goyena.html

ENTREGA DE PREMIOS DEL CONCURSO DE POEMA ILUSTRADO Y FOTOPOEMA DE LA GOYENA - VIDEO DE ALEJANDRO RE - SEGUNDA PARTE


Momento musical del acto de entrega de premios del Iº Concurso del Poema Ilustrado y Fotopoema de la Biblioteca Popular Pedro Goyena realizado en el Salón Auditorio del Museo Municipal de Artes Visuales "Víctor Roverano". VER: http://bibliogoyena.blogspot.com.ar/2013/05/resultados-del-concurso-pedro-goyena.html

ENTREGA DE PREMIOS DEL CONCURSO DE POEMA ILUSTRADO Y FOTOPOEMA DE LA GOYENA - VIDEO DE ALEJANDRO RE - Iª PARTE

La entrega de premios se realizó en el auditorio del Museo de Artes Visuales Víctor Roverano. Fue conducido por el locutor Nacho Vélez y la organizadora del concurso la artista plástica María Rizzo. 
VER: http://bibliogoyena.blogspot.com.ar/2013/05/resultados-del-concurso-pedro-goyena.html

"LOS OBSESIVOS", CUENTOS DE LILIANA MARENGO

“La primera vez puede ser obra del azar, luego depende de usted. La elección de una obra literaria no es casual, tampoco el tema. En cada elección hay una íntima necesidad de identificación, la búsqueda incisiva para completar nuestro vacío existencial”. Liliana Marengo

La Goyena recibió el donativo de dos ejemplares de una nueva obra de la autora quilmeña Liliana Marengo. "Los Obsesivos", 61 cuentos sorpresivos, agudos, intempestivos, concisos, sin dilaciones adjetivas por el contrario, la síntesis lograda es un logro elevado. Efectivamente son 61 cuentos 'obsesivos', que se escapan prontamente en la lectura de una noche. 
Dice la prologuista Kelly Gavinoser: “Esta mirada al mundo es la mirada a los “seres” que lo pueblan, es la mirada que desnuda y que no solo hace de las personas, personajes, sino que ve personajes en sus personas y así los traslada, convertidos ya desde su mirada “real” - que en realidad no lo es — en “seres de papel” totalmente ficcionalizados, protagonistas de historias realistas y no, pero siempre historias que son algo más que réplicas, algo más que espejos: son una suerte de marionetas que se desplazan mostrando, que se movilizan cerrando y abriendo, sucediéndose, volviendo sobre sí mismas pero desfilando a lo largo de todo el libro como representantes de la vida: concreta y no, soñada y no, imaginada y no, pero siempre formando parte de este cosmos en el que nos ha tocado vivir.”
Liliana Marengo, nació en Quilmes, en 1956. Obtuvo numerosos reconocimientos nacionales e internacionales en los géneros: teatro, poesía y cuento. Su primera obra de teatro “Lucía está sola” se estrenó está sola se estrenó en el Museo Almirante Brown de Bernal, a cargo del elenco municipal Luz y Sombra, bajo la dirección de Norberto Martín. En teatro ganó premio “Lectura Abierta” en dos oportunidades. Su obra “Ocho para una locura” fue dirigida por Isaac Eisen y representada en La Manzana de las Luces y en el Centro Cultural San Martín. Fue galardonada por diversas editoriales. Recibió un accésit en el V Premi Hiper breu Grau Miró, Barcelona, España. La Universidad de Buenaventura Calí de Colombia le concedió una mención en cuento corto. Participó en diversas Antologías: Las horas secretas (Editorial Dunken, 2006), Antología Poética (Ediciones Mis Escritos, 2007), A puro cuento (Ediciones Mis Escritos, 2007), Letras Argentinas Hoy 2011 - Antología II (Editorial De los Cuatro vientos, 2011), Antología Poética III (P.R. Ediciones, España, 2011) Recuerdos de
Finisterre (Editorial Dunken, 2012) y Palabras sin fronteras (Editorial Aries, 2012)
Su obra poética fue traducida al inglés en Letras sobre papel, Letters on paper (Editorial De los cuatro vientos, 2012) y destacada por su participación en el portal chileno Letraskiltras (2011)
Colaboró en la revista literaria Con voz propia (Catamarca) y en el Nuevo Diario (Santiago del Estero). Formó parte del Audio-texto Unidos por el Mundo (Instituto Cultural Latinoamericano, 2011)
Es Miembro Honorífico A.S.O.L.A.P.O
 "Los Obsesivos" fue editado por Ed. Dunken y presentado en la Feria del Libro del pasado abril 2013.

HOMENAJE AL FOTÓGRAFO CARLOS SCOTT EN LA GOYENA - VIDEO DE ALEJANDRO RE

ANA INES MANZO EN LOS 32 AÑOS DE LA GOYENA - VIDEO DE ALEJANDRO RE

miércoles, 4 de diciembre de 2013

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FERNANDO POZZO Y EL "DESCUBRIMIENTO" DE HUDSON POR JUAN CARLOS LOMBÁN

Si podemos asegurar que el Dr. Fernando Pozzo fue el exégeta de Hudson, Juan Carlos Lombán es doblemente el exégeta de Pozzo, pues además de su persona, en ella está imbricada, así como las tejas para conformar el tejado, la persona de Hudson.
Este artículo especial para "La Prensa" se publicó en la Sección Ilustrada del domingo 16 de julio de 1972, otro de los rotograbados que venimos reproduciendo en EL QUILMERO para recuperar y reponer la memoria, en este caso de tres figuras preclaras de la historia y la cultura quilmeño: la primera, una personalidad empeñosa que, como José Antonio Wilde agregó a su profesión médica la convicción que la mejor lectura era una fuerza transformadora; la segunda, de quien podemos reconocer al máximo escritor pampeano y la tercera, la letra y la potencia del autor de esta nota, un educador, ciudadano ilustre que tanto dio a Quilmes, a nuestra historia, a nuestra tradición centenaria, a nuestras artes y nuestra literatura.

Dr. Fernando I. Pozzo
Por Juan Carlos Lombán [1]
Sabido es que Guillermo Enri­que Hudson comenzó a ser cono­cido durante los últimos años del siglo anterior y llegó a gustar el halago de ser considerado por no po­cos estudiosos - ya en nuestra centu­ria (siglo XX) - como uno de los más grandes escritores de su tiempo. Eso, allá en Inglaterra. Aquí la cosa era del todo diferente, desde que todavía al finali­zar el primer cuarto del siglo había poquísimos iniciados. Carlos Alberto Leumann [2] recuerda que ante los elo­gios que en 1924, Rabindranath Tagore [3] dedicó a Hudson, consultó con inte­lectuales conocidos, y escribe: “lo ig­noraban todos”.
Pienso que el verdadero “descubri­dor” de Hudson entre nosotros fue Fernando Pozzo, desde que un descu­brimiento no consiste en el mero hallazgo de algo, sino en descorrer el velo que lo cubre, hacerlo patente y manifiesto. No es simplemente cono­cer, sino dar a conocer. No atesorar para uno, sino brindar a los otros. Todo verdadero descubrimiento impli­ca difusión y, por sobre todas las cosas, una actitud de generosidad, de desprendimiento, de querer compartir el hallazgo con los demás. Y así como el navegante presuntamente genovés debe seguir siendo considerado como el descubridor de América a despecho del anterior arribo de vikingos, así el médico quilmeño - también él descen­diente de genoveses - es el que hizo posible que el pueblo argentino pudie­ra conocer la vida y la obra de Hud­son. Si en estos dominios pudiera hablarse de un acto de descubrimien­to, yo no dudaría en afirmar que él aconteció aquel domingo de noviem­bre, en 1929, cuando Fernando Pozzo arribó a destino después de un largo peregrinaje de, dos años por campos del antiguo partido de Quilmes que hoy pertenecen al de Florencio Varela, y “descubrió” el humilde rancho donde sigue morando el espíritu del que amó más a los pájaros que a los hombres, porque prefirió identificarse con las víctimas y no con los victima­rios. Ese hecho marca a mi juicio un hito fundamental en la historia argentina, aún insuficientemente
justipreciado. Sólo entonces se inició el período de difusión que determina todo verdadero descubrimiento y que tuvo en Pozzo a su adalid más esforzado y consecuente, al extremo de haber merecido con toda justicia que don Ro­berto Cunninghame Graham[4] fuera como “el más grande amanta y profeta de Hudson en el Nuevo Mun­do”.
DE LOS JUEGOS INFANTILES DE SANTA FE AL GOBIERNO DE QUILMES 
Fernando Isidoro Pozzo era el ma­yor de los tres hijos de Juan Pozzo, porteño, descendiente de genoveses, y Dominga Balugera, nacida en Paraná, cuyos antepasados llegaron con Garay. Nació el 2 de enero de 1887 en si hogar paranaense de los abuelos, pero su niñez y adolescencia trascurrieron en la casa paterna de Santa Fe, donde cursó sus estudios primarios y secun­darios hasta completar el bachillerato.
Trasladose a Buenos Aires en 1904 para estudiar medicina y se instaló en la casa de su primo hermano Manuel Gálvez, con el que compartió aquella bohemia que el novelista refleja en “El mal metafísico”, la que resintió sus estudios hasta que la radicación de su familia en Buenos Aires deter­minó su reencauzamiento y su gradua­ción en 1913. Comenzó a ejercer la medicina en el entonces pequeño pueblo de Bernal, dedicado a la pediatría, y casó en 1917 con doña Celia Rodrí­guez - biznieta de Martín Rodrí­guez - que fue su comprensiva com­pañera e inteligente colaboradora.
En 1922 se radicó en Quilmes, donde llegó a ser considerado un hijo de la ciu­dad, y uno de los más beneméritos. Además da su apostolado en el consul­torio, actuó como médico del Colegio San Jorge y de establecimientos fabri­les; fue jefe de la sala de niños del hospital de Quilmes y escribió nume­rosas comunicaciones para publicacio­nes médicas.
En 1940 fue designado comisionado en Quilmes y en el breve lapso de su gestión, desde mediados de ese año hasta promediar el siguiente, desplegó una intensa actividad, singularmente trascendente en aspectos culturales. Creó una de las Comisiones Municipa­les de Cultura de más fecunda actua­ción en Quilmes,
designó la comisión pro monumento al general San Mar­tín, el que se erigió más tarde en la plaza principal de la ciudad, y pro­movió las investigaciones del rico pa­sado quilmeño, creando la Junta de Estudios Históricos de Quilmes. La notable labor de ésta posibilitó, entre otras cosas, la fundación del Museo Quilmes de Antaño, que más tarde pasó al patrimonio de la provincia y que es el actual Museo Almirante Brown de Bernal. 
Finalizada su actuación pública, vol­vió al ejercicio de la medicina, a las investigaciones sobre Hudson, que había iniciado tres lustros antes, y a sus libros, de los que fue un entusiasta lector. Su conocimiento de autores ingleses lo llevó a procurar difundir sus obras, su idioma y su cultura, para lo cual fundó en 1944, con el apoyo de Sir Eugen Millington Drake, [5] el Insti­tuto Argentino de Cultura Británica de Quilmes. Importante institución de la que fue su primer presidente y animador hasta su muerte. 
Pozzo comenzó a leo a Hudson en 1927 - en primer término “El cuento de un overo”- , y fue tal su deslum­bramiento, que cuando en “Allá lejos y hace tiempo” dio con la descripción de “Los Veinticinco Ombúes”, se pro­puso localizarlo, cosa que logró al cabo de dos años de búsqueda. Más tarde, con la colaboración de su espo­sa completó la traducción de “Allá lejos y hace tiempo” en tres años de labor, y después de que la Municipali­dad de Quilmes lo apoyara para la adquisición de los derechos de traduc­ción, la obra se publicó en 1938. Un año después se organizó en el Banco Municipal de Buenos Aires una expo­sición de un busto de Hudson por Santiago Parodi y veintisiete óleos de distintos aspectos del rancho de “Los Veinticinco Ombúes”, de Antonio Pa­rodi con una conferencia de Pozzo, todo lo cual se repitió en la Municipa­lidad de Quilmes, con el auspicio del Círculo de Periodistas de la ciudad.
Una de las consecuencias de esa expo­sición fue el establecimiento
de una comisión encabezada por Pozzo para adquirir el busto mencionado y empla­zarlo en un lugar público. Así surgió el primer monumento a Hudson erigi­do en el país, que es el que se encuentra en la plaza Falcón (hoy del Bicentenario) de Quilmes inaugurado el 14 de diciembre de 1940. 
El año del centenario del nacimiento de Hudson fue extraordinariamente fructífero, ya que Pozzo supo aunar voluntades para que integraran sus aportes a la causa hudsoniana talentos como Victoria Ocampo, Borges, Martí­nez Estrada, Luis Franco, Jorge Casa­res, Doillo Jurado, González Lanuza, Patrick Dudgeon, Luis Perlotti. Anto­nio y Santiago Parodi, Antonio Zamo­ra, Guillermo de Torre, Walter Owen y otras personalidades de relieve. Con­cretáronse conferencias, publicaciones, exposiciones y ceremonias con la imposición del nombre de Hudson a una estación ferroviaria, escuelas y ca­lles. La Comisión de Homenaje a Hud­son en su centenario quedó integrada en junio de 1941 - con una subcomi­sión que actuó eficazmente en Quil­mes - y el 4 de agosto se labró un acta por la cual quedó constituida la Asociación Amigos de Hudson, presi­dida
por Pozzo, a la que tanto le debemos y de la que es heredera y con­tinuadora la actual Asociación Ami­gos del Museo y Parque Evocativo G. E. Hudson.
Pozzo y su esposa nos han legado las versiones completas del mencionado “Allá lejos y hace tiempo”, “Una cier­va en el parque de Richmond” y el poema “El gorrión de Londres”, este en colaboración con Patrick Dudgeon y E. González Lanuza, además de frag­mentos de “El ombú y otros relatos rioplatenses” y “El naturalista en el Plata”. En cuanto a sus trabajos origi­nales, pienso que el lector actual sólo podría tener acceso a los prólogos de sus versiones de “Allá lejos y hace tiempo” y “Una cierva en el parque de Richmond”; el folleto “Semblanza de Hudson”, editado por el Instituto de Conferencias del Banco Municipal en 1940 y el trabajo que encabeza el valiosísimo volumen publicado por su iniciativa en 1941, con el siguiente título: “Antología de Guillermo Enri­que Hudson, con estudios críticos so­bre su vida y su obra".

NUESTRA DEUDA CON POZZO
Pozzo murió el 25 de febrero de 1950 y sus restos descansan en el cementerio de Quilmes junto a los de su esposa. Lo último que logró en vida fue que los propietarios del solar na­tal de Hudson lo donaran a la provincia de Buenos Aires, la que lo aceptó al finalizar 1949, pocos días antes de su muerte. Seguramente partió con la visión certera de lo que es hoy Los Veinticinco Ombúes, un museo y par­que evocativo donde renovadas gene­raciones podemos encontrarnos con el espíritu de Hudson y con todo lo que él significa, que es como reencontrar­nos con lo mejor de nosotros mismos. 
Si tuviera que ensayar una crítica a la obra de Pozzo, yo no dudaría en señalar que es en sus traducciones donde podemos encontrar el aspecto más susceptible de ser perfeccionado. Urgido por llenar un vacío lamentable, consagrose a dejar establecida una tradición hudsoniana en el menor tiempo posible para compensar el sen­sible retraso en si que nos encontrá­bamos, contra viento y marea, hacién­dolo todo casi de la nada. Él, como pocos en la Argentina, aplicó con energía el programa sarmientino de hacer las cosas, hacerlas mal pero hacerlas. Mérito nada desdeñable en este país nuestro de perfeccionistas estériles, la mayoría de cuyos hijos nos pasamos la vida analizando la mejor manera de hacer algo sin con­cretar nada y, lo que es más grava, sin permitir que los que quieren construir puedan hacerlo sin trabas.
Y es aquí, en sus errores, donde a mi juicio se puede valorar mejor el legado de Pozzo y, en consecuencia, justipreciar nuestra deuda, desde que advertimos que es fecundo y construc­tivo aun en sus aspectos menos feli­ces. Porque conviene preguntarse: ¿cuánto tiempo más se hubiera demorado nuestra aprehensión del tesoro hudsoniano sin esa versión de “Allá lejos y hace tiempo” un tanto dura de sintaxis no siempre correcta? ¿Hubie­ran sido posibles todas las buenas tra­ducciones de obras de Hudson que ahora poseemos? El peor Pozzo ha sido más fecundo para la causa hudsoniana que lo que podríamos serlo en conjunto quienes intentamos criticar­lo. Y ello dicho sin ánimo de desalen­tar la crítica - que más que necesaria es indispensable - sino con el propósi­to de expresar mi convicción de que cuanto más se analicen los posibles defectos de la obra de Pozzo, mejor va a quedar demostrada su fecundidad para la cultura nacional.
La inveterada ingratitud de los ar­gentinos hacia nuestros compatriotas más beneméritos se ve ratificada con Pozzo, desde que a más de dos décadas de su muerte, no hay calle, plaza ni escuela que lleve su nombre, ni siquie­ra en Quilmes, donde tanto bien hizo. Empero, creo que si ese tipo de reco­nocimiento es indispensable, no resul­taría suficiente, ya que sería necesario complementarlo con algo de mayores consecuencias para nuestra cultura, más identificado con el espíritu reali­zador del médico quilmeño. Acaso na­da sería más significativo y adecuado que las autoridades competentes lle­naran un vacío lamentable y concreta­ran de una vez por todas las tantas veces postergada edición oficial de las obras completas de Hudson en nuestro idioma. [6]
 Prof. Juan Carlos Lombán, conferencia en la Biblioteca P. P. Goyena, 1972

Compilación y Bibliografía Chalo Agnelli
Bibliógrafa Cristina Secco 
Colaboración Ítalo Nonna
VER: 
http://bibliogoyena.blogspot.com.ar/2013/12/guillermo-enrique-hudson-y-aqui-cerca-y.html
http://bibliogoyena.blogspot.com.ar/2013/11/las-huellas-de-guillermo-enrique-hudson.html 
http://bibliogoyena.blogspot.com.ar/2013/11/buscando-hudson-entre-los-pajaros-de.html
http://bibliogoyena.blogspot.com.ar/2013/10/antologia-de-hudson-con-estudios.html 
http://bibliogoyena.blogspot.com.ar/2013/07/guillermo-enrique-hudson-hijo-dilecto.html
http://elquilmero.blogspot.com.ar/2013/07/recuperando-guillermo-enrique-hudson.html 
http://elquilmero.blogspot.com.ar/2012/08/guillermo-enrique-hudson-171-anos-de-su.html
http://elquilmero.blogspot.com.ar/2012/08/el-museo-historico-provincial-guillermo.html

NOTAS

[1] Juan Carlos Lombán - Los 86 años del historiador (reedición Al 20/2/2013) http://elquilmero.blogspot.com.ar/2011/02/cultura-y-memoria-los-84-anos-del.html 

[2] Carlos Alberto Leumann nació en Santa Fe el 17 de agosto de 1886 y murió en Buenos Aires el 16 de junio de 1952. Fue poeta, periodista, docente y Doctor en Filosofía y Letras; publicó estudios sobre materias científicas y metafísicas; dirigió el suplemento literario del diario La Nación. Fue autor de ensayos y novelas. Algunos de sus composiciones figuran en antologías y fueron traducidas a idiomas extranjeros; miembro fundador de la SADE. 

[3] Rabindranath Tagore, nació en Calcuta el 7 de mayo de 1861 y murió en esa ciudad el 7 de agosto de 1861 fue poeta, filósofo del movimiento Brahmo Samaj, posteriormente se convirtió al hinduismo, artista, dramaturgo, músico, novelista y autor de canciones que fue premiado con elPremio Nobel de Literatura en 1913, convirtiéndose así en el primer laureado no europeo en obtener este reconocimiento. Pasó el verano de 1924 en la Argentina como huésped de Victoria Ocampo en su casa de San isidro, Villa Ocampo. 

[4] Robert Bontine Cunninghame Graham "Don Roberto" nació en Londres el 24 de mayo de 1852. Fue político escocés, escritor, periodista y aventurero; miembro del Partido Liberal y primer diputado socialista en el Parlamento del Reino Unido; uno de los fundadores y primer presidente del Partido Socialista Escocés (SLP) 1888 – 1893; firme partidario de la independencia de Escocia. A los dieciocho años, dos amigos de la familia, los hermanos Edward y James Ogilvy, le invitan a participar como socio en la empresa ganadera que tienen en Entre Ríos. La idea le seduce rápidamente y logra que su padre le financie. Ya en Argentina se instala en una humilde vivienda, dentro de la estancia de los Ogilvy, se adapta a la vida de los gauchos, Comienza a domar potros. Aprende equitación y viaja por la Pampa arreando ganado y vendiendo caballos. El negocio por el que partió a Argentina fracasó. De estas sus ricas vivencias extrajo abundante material para componer, años después, dos de sus obras más famosas, las novelas tituladas A Vanished Arcadia (1901) y The Conquest of the River Plate (1924), ambas ambientadas en la geografía sudamericana. Posteriormente, viajó por el norte de África y se enamoró de Marruecos, país al que convirtió en el protagonista absoluto de un libro de viajes titulado Mogreb-el-Acksa (1898). Escribió también numerosas narraciones breves y varias obras biográficas. Murió de neumonía el 20 de marzo de 1936 en el Plaza Hotel de Buenos Aires, después de visitar “Los Veinticinco Ombúes”, el lugar de nacimiento de su amigo William Henry Hudson. Su cuerpo fue velado en capilla ardiente en la Casa del Teatro y recibió un homenaje nacional encabezado por el Presidente de la República Argentina. Detrás de la carroza fúnebre donde se transportaron sus restos hasta el puerto de Buenos Aires, marchaban dos caballos criollos como homenaje al gran jinete y amigo. Ver. Jurado, Alicia. “El escocés errante: R. B. Cunninghame Graham”. Emecé Editores, 1978.

 [5] Sir Eugen John Henry Vanderstegen Millington-Drake, (26 de febrero de 1889 - 12 de diciembre de 1972) fue un diplomático inglés En 1912 entró el Servicio Diplomático y sus destinos incluyeron: San Petersburgo(1913), Buenos Aires(1915), París (1919-1920), Bucarest(1921-1924), Bruselas(1924-1927), Copenhague(1927-1928),Buenos Aires (1929-1933) y Montevideo (1934-1941). 

[6] Este anhelo difícilmente podrá concretarse alguna vez; menos aún en el Partido de Quilmes, pero afortunadamente hoy la editorial Buenos Aires Books viene desde hace algunos años viene superando la postergación denunciada por el profesor Lombán.

domingo, 1 de diciembre de 2013

GUILLERMO ENRIQUE HUDSON Y “AQUÍ CERCA Y NO HACE MUCHO”

Monumento a Hudson en la plaza del Bicentenario de Quilmes.

Con un título que bien podría ser un oxímoron si se lo opusiera al “Allá Lejos y Hace Tiempo” hudsoniano o una paráfrasis que alude a la gran obra de nuestro mayor escritor gauchesco Aníbal César Goñi, cultor de la literatura anglosajona, escribió para el rotograbado de La Prensa esta ajustada y convincente página sobre la obra de nuestro Hudson (Transcripción, realces en negrita y bastardilla del bibliógrafo Chalo Agnelli).
Monumento a Hudson obra de Jacob Epstein en Kensington Park de Londrés

AQUÍ CERCA Y NO HACE MUCHO

Por Aníbal César Goñi especial para La Prensa
Buenos Aíres, 8 de julio de 1962.


Habrá quien se pregunte si cabe decir algo más sobre William Henry Hudson. Empero, la pre­gunta estaría mal planteada porqué equivaldría a admitir la existencia a priori de juicios definitivos respecto a un hombre cuya compleja personalidad resiste todo “retrato”, incluso aquél te­ñido de afecto y comprensión que Morley Roberts [1] escribiera en 1924. ¿Algo nuevo relacionado Con su obra, enton­ces? Pero es que la labor de aproxima­ción a los escritores y a sus libros no se propone necesariamente revelar valores desconocidos, ni hacer un prolijo escrutinio textual, sino inducir a volver sobre aquello que en apariencia siem­pre estuvo allí, insistir en el discerni­miento de lo valedero y perdurable, recordamos que un gran arte es contemporáneo en cualquier época. Se tra­ta sobre todo de esa fidelidad a un patrimonio literario personal cuyas exi­gencias los años terminan por reducir a unos pocos libros, a los cuales retor­namos con la fruición que se siente al recrear una vivencia gratamente im­borrable. Y el acercamiento a la obra de Hudson tiene invariablemente la frescura del encuentro con un mundo que no deseamos olvidar. Acéptese, pues, el introito como jus­tificación de la actitud que se propicia: un parcial, por fuerza somero, descu­brimiento de quien se acerca fugaz­mente al hombre y a su producción co­mo a dos dimensiones que se proyectan “aquí cerca y no hace mucho”.
Si Hudson no hubiera escrito “Vida de un pastor”, no tendríamos ese es­tupendo escenario de la vida humana y anima] que una narración simple, objetiva y fascinante nos entrega. Si no hubiese concebido “Una cierva en Richmond Park”, faltaría el documen­to reflexivo y profundo de una mente que, en lugar de hundirse en un crepúsculo senil, conseguía con el pasar del tiempo extraer mejores resonancias de sí misma. ¿Y qué decir de có­mo hubiéramos añorado la prosa des­criptiva de “Aventuras entre pájaros”, una historia del embeleso de los sen­tidos? Mas no sería posible imaginar a Hudson sin la obra más nuestra y más suya: “Allá lejos y hace tiempo”. (Es preferible esta versión del título en castellano. A la más literal, "Allá lejos y hace mucho tiempo” —como quiere Martínez Estrada— le falta la cadencia de lejanía pampeana que también posee el original.)
 Casa de la calle Saint Lukes, de Londres, donde vivió Hudson

LA INQUIETUD DEL RETOMO  
“Allá lejos...” supera la intención autobiográfica que busca consignar los años formativos, de un hombre sin­gular, para transformarse en una suer­te de clarísima visión retrospectiva, un compendio de experiencia, una explo­sión de nostalgia. Algunos ensayos y esbozos publicados en libros anteriores, hallaron en esta obra su exacta ubica­ción cronológica y luego se desperdiga­ron en posteriores creaciones, como im­pulsados por una inquietud de eterno retomo.
Jilguero cabeza negra. Acuarela de Gronvol de la serie de 22 que sirvieron para ilustrar el libro "Bird of La Plata"

“La tierra purpúrea’' es “fundamen­talmente criolla”, ha dicho Borges. Otro tanto podría decirse de “Allá lejos y hace tiempo”. No es poco sorprendente que Hudson, en parte un extranjero pa­ra nosotros como lo fuera también para la Inglaterra de sus abuelos, [2] nos entregara una “pasión argentina” tan auténticamente sentida, que “lleva por siempre indelebles aquellas asociaciones que evocan a su destinataria: el per­fume de las dilatadas planicies, los so­nidos todos de la campiña y las innu­merables criaturas vivientes que la poblaban. Pero además, Allá lejos,..” es el retrato de una época; un vasto fresco donde las distancias languidecen en la monotonía de los cenicientos cardi­zales, que son el símbolo apropiado de una civilización orgullosa y agreste. La extraordinaria agudeza de observación del autor sabe damos, casi seguramente sin proponérselo, un certero análisis del alma nacional, ya en la estirpe violenta y taciturna que se templa en el duelo de pulpería, ya en los relatos del viejo Buenos Aires, esa ciudad de libros de colegio que de noche alargaba sus horas en la salmodia pausada del sereno, y de día escuchaba el parloteo de las ne­gras lavanderas junto al río.
Cuando en 1874 Hudson se embarca para Europa, lleva consigo una imagen deslumbrante de vastedad y de belleza que habría de condicionar el resto de su vida en Inglaterra. Sus compatriotas de sangre nunca aceptaron enteramente como a uno de ellos a este gigantesco inglés de nombre con mirada de gaucho, venido de otras latitudes y dispuesto a afincarse en la comarca de sus mayo­res a despecho de su animadversión por el hogar. “Odio los hogares”, escri­bía Hudson a Roberts el 5 de junio de 1900. “Participo de la idiosincrasia gi­tana que ama más el campo abierto que la casa”. Fue quizá la primera incongruencia de un amante de la naturale­za salvaje encerrado durante tanto tiempo en una casa obscura en una mísera calle de Bayswater.
Aquí tampoco necesitaba sentirse na­tivo. Su exquisita sensibilidad frente al mundo circunstante y su amor por todo lo creado tenían, en efecto, raíces inglesas, mas para que se dieran no era preciso territorio geográfico alguno; unos cuantos árboles, una bandada de pájaros y la humedad de la hierba, ha­brían bastado. Y sin embargo, ¿es acaso coincidencia que Inglaterra haya cobi­jado a los tres más grandes prosistas de la naturaleza? No hay tal coinci­dencia. W. H. Hudson, Gilbert White [3] y Richard Jefferies [4] poseían en mayor o menor grado esa sutil receptividad hacia el mundo natural - mezcla de fascinación y sobrecogimiento - tan marcadamente sajona; la misma apre­hensión emocional o artística de la na­turaleza que ha producido en distintos ámbitos literarios un Wordsworth, [5] un “Walden” o un Thomas Hardy. [6] 

APROXIMACIÓN ESTÉ­TICA A LA NATURALEZA 
No corresponde al plan trazado esta­blecer un paralelo entre Hudson, White y Jefferies. Sólo cabe decir que de los tres, Hudson es el artista cuya aproximación a la historia natural es la más estética y la menos emotiva. No es fá­cil sorprender a Hudson en un acto de creación; muy rara vez se deja arras­trar por impulsos de apasionada elo­cuencia, a semejanza de los que Jeffe­ries pone en juego para expresar la intensidad de su sentimiento. El mundo sentimental de Hudson no trascendía casi nunca. “Estaba dotado de una en­cantadora y natural timidez respecto a las mujeres”, informa nuevamente Morley Roberts, y agrega: “Le aterraba la

idea de que se publicara algo relaciona­do con su vida íntima”. No obstante, si bien hay una intimidad que per­manece desconocida, subsiste la con­vicción de que sus profundos afectos no eran para los hombres. “I was a worshipper of trees”, dice el autor en “Allá lejos...”, literalmente: “Era un adorador de árboles”. Los dioses de Hudson tenían hojas o tenían alas... La manifestación ejemplifica un arranque del don poético que siente y percibe más allá de la realidad externa; una comunión intuitiva de dos modos de ser que ningún panteísmo podría explicar satisfactoriamente. Sin duda había un sesgo primitivo, extrañamente genesíaco, en su amor por la naturaleza. La arrobada contemplación de lo creado lo perdía para el mundo; tornábase en­tonces una especie de animal solitario cuyo pulso latía al ritmo de la tierra.
La índole peculiar de su espíritu re­sulta asimismo consecuente en las refe­rencias y en las comparaciones. Los sí­miles de Hudson parten constantemen­te de la humanidad y terminan su pa­rábola frente al espejo de lo irracional, jamás a la inversa. Así, un grupo de jóvenes reunidos en el atrio de la igle­sia le recuerda una bandada de pechos colorados; la estridente barahúnda de las lavanderas trae a su memoria el al­boroto que producen multitudes de gaviotas, ibis, zarapitos, gansos y otras ruidosas aves acuáticas cuando se api­ñan en las lagunas pantanosas; para él, “la calumnia florece como el árbol de laurel”. Las citas abundan. Ningún protagonista humano en las obras de Hudson surge con la inconfundible rea­lidad que el autor confiere a las cria­turas inferiores. A menudo, un solo tra­zo es suficiente; la exacta descripción de un canto, el hábito singular de un roedor, la algazara de una nube de coto­rras, y las páginas se estremecen con la efervescencia de la vida. En cam­bio, inclusive el personaje de la madre en “Allá lejos y hace tiempo” está presentado con tan delicada circunspec­ción, que su verdadera dimensión a po­co se diluye en una imagen de rasgos simbólicos. Porque si bien persisten en la mente del lector la visión de la ma­dre sentada afuera a la hora del cre­púsculo, la intensidad del sentimiento que la unía con el hijo - nacido en parte de un similar éxtasis ante la crea­ción - y la firmeza de su fe religiosa, el autor no logra sino transmitirnos una presencia que configura el arque­tipo de la madre.
 Siete colores. Otra de las acuarelas de Gronvold para "Pájaros el Plata"

DEVOCIÓN POR LA VIDA 
Hudson poseía una rara penetración instintiva que lo facultaba para enten­der las diversas exteriorizaciones de la vida salvaje. Esta característica, poco corriente aún en el “naturalista rural”, va generalmente acompañada de una dosis de inhumanidad respecto al mun­do de los hombres. Así escribía Hud­son a Edward Gamett [7] el 10 de febrero de 1915: “Pienso que es una guerra bendita. Ya era tiempo que tuviéramos una que nos purificara de la degrada­ción y de la corrupción que son las consecuencias de una paz duradera”. Este juicio contiene un trastrocamien­to de planteos. En el escenario natural que entregaba los secretos a su intui­ción, el escritor asistía diariamente a la lucha sin pausa, al desborde vital que no admite otra ley que la supervivencia. El conflicto interminable es el tributo a1 primero de los instintos. Para Hud­son, la paz del campo era una osa­menta blanqueándose al sol; la crueldad de la guerra, tan sólo la afirmación de la voluntad de poder de la naturaleza.
W. H. Hudson sentía una devoción por la vida. La grave enfermedad que lo aquejara en su juventud y la reacción de su inocencia ante el enigma de la muerte, marcaron definitivamen­te el progreso de su espíritu. Al igual que Samuel Johnson, [8] la idea de la muerte le horrorizaba, pero lo que en Johnson era un temor supersticioso al más allá, en Hudson era el alejarse de un mundo maravilloso con el cual se consubstanciaba, el concluir para la única realidad que amaba antes de ha­ber satisfecho sus sentidos. No desecha­ba oportunidad alguna de salir al en­cuentro de la vida, y la hallaba don­dequiera. Nada juzgaba insignificante; era la suya una sensibilidad natural­mente poética que “partía del deleite para terminar en la sabiduría”.
 Tumba de Hudson y su esposa en el cementerio de Broodwater, Sussex, Inglaterra.

EVOCACIÓN DE LA NIÑEZ 
El amor que Hudson reservaba para las aves, ha inspirado páginas elocuen­tes, aunque ninguna de tan encantado­ra belleza como las que él mismo les dedicara. Pareciera que al hablar de los pájaros su lenguaje adquiriese un ran­go inusitado, una nueva percusión. Su estilo, de ordinario exquisitamente sim­ple, se nutre de brillantes cadencias musicales que los oídos retienen como si se tratara de poesía memorable. Pero con este autor la música es el resul­tado de la certera evocación de imáge­nes antes que el producto de una exuberancia prosística. Las oraciones flu­yen sobre una ringlera de adjetivos y se encadenan con la soltura de largos coloquios, mas como suele ocurrir con el estilo conversado, suena un tanto opaco y deslucido al leerlo en voz alta.
En su vejez Hudson gustaba que le leyeran pasajes de “Allá lejos y hace tiempo”. Su mente retomaba entonces a los lugares inolvidables de su niñez; el chicuelo que fue revivía el gozo de recordación ante el espacio abierto, se acostaba en el pasto cara al cielo, o sa­lía al galope tendido por los campos inundados de luz, al reencuentro de una revelación. El encanto evocador del libro no reconoce temporalidad. Cuando en él hallamos una parte común a to­dos nosotros, el contenido de experien­cia recreada está más próximo al mun­do del espíritu que las demás realida­des inmediatas.

No hace mucho que Hudson estuvo entre nosotros. Un ranchito bien cerca de aquí se llenó una vez con su pre­sencia. Siempre es oportuno recordar que el embeleso que seguirá transmitiendo a generaciones venideras, se ges­tó en las vastedades de nuestras pampas. En ellas aprendió a observar las manifestaciones visibles de la naturale­za, en ellas también adquirió concien­cia del enigma de la vida humana so­bre la tierra. Drama viviente que transcurre en el tablado de un universo con aspiraciones de eternidad, aspiraciones que Hudson satisfizo porque supo en­contrarlas en el tiempo. Él pudo decir con Jefferies: “La eternidad es ahora. Yo estoy en medio de ella. Me rodea en la claridad del sol”.
Guillermo Enrique Hudson. Dibujo de Miguel V. Petrone.

Transcripción y detalles bibliográfícos Chalo Agnelli
Bibliógrafa Cristina Secco
Colaboración Ítalo Nonna


NOTAS


[1] Morley Roberts (diciembre 29, 1857 - junio 8, 1942) fue un novelista Inglés y escritor de cuentos, más conocido por La vida privada de Enrique Maitland.
[2] Como se sabe, los padres de Hudson eran oriundos de Marblehead, Massachusetts, Estados Unidos.
[3] Gilbert White, nació en Inglaterra el 18 de julio de 1720 y murió el 26 de junio de 1793. Fue un pionero en los campos del estudio de la naturaleza y la ornitología.
[4] John Richard Jefferies (6 noviembre 1848 a 14 agosto 1887) fue un escritor inglés de la naturaleza, conocido por su representación de la vida rural de Inglaterra en ensayos, libros de historia natural y novelas.
[5] William Wordsworth nació en Cockermouth en Cumberland, Inglaterra el 7 de abril de 1770 y murió el 23 de abril de 1850. Fue uno de los más importantes poetas románticos ingleses.
[6] Thomas Hardy nació cerca de Dorchester, Inglaterra, el 2 de junio de 1840 y murió el 11 de enero de 1928. Novelista y poeta superador del naturalismo de su tiempo.
[7] Edward Garnett(1868 – 1937) fue un escritor, crítico literario y editor inglés. Contribuyó de manera fundamental, entre otras grandes obras, a la publicación de Amantes e hijos del polémico, en su tiempo, D. H. Lawrence.
[8] Samuel Johnson nació en Lichfield, Staffrodshire, Inglaterra el 18 de setimbre de 1709 y murió en Londres el 13 de diciembre de 1784. Conocido simplemente como el Dr. Johnson, es una de las figuras literarias más importantes de Inglaterra: poeta, ensayista, biógrafo, lexicógrafo, es considerado por muchos como el mejor crítico literario en idioma inglés. Johnson era poseedor de un gran talento y de una prosa con un estilo inigualable.