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jueves, 7 de noviembre de 2013

IRENE SOFIA RODRÍGUEZ GARAY - "VIDAS Y PAISAJES"


En este consecuente hábito de revolver entre libros viejos, encontramos en la Goyena un ejemplar de “Vidas y Paisajes”, de la profesora Irene Sofía Rodríguez Garay, publicado por la tradicional Editorial Tor [1], "contra viento y marea", como afirmaba su lema editorial. Las palabras preliminares fueron escritas por otro docente caractarístico de la Escuela Normal César Carrizo [2] quien nos acerca a la fecha de edición, 1940.
Son nueve cuentos y seis “Acuarelas cordobesas”, breves composiciones surgidas, quizás, en los viajes por la provincia mediterránea, donde recorrió sus caminos y su gente.
La rosa encarnada”, “La fortuna de Chango”, “Desencuentro”; Estrategia, “Cántaros de barro”, “La mancha”, “La cáscara”, “Rebelde”, “Almendros en flor”… son los títulos de los breves relatos donde el tema es el amor, la traición, lo prohibido, la muerte y los dos últimos caen en los imprescindibles axiomas que acostumbraba la época, sobre todo en autores que estaban tan fusionados con la “instrucción”.
Su literatura se muestra evidentemente influida por la lectura de los hispanistas, con cierta adjetivación que, sin ser incómoda, asume prioridad sintáctica, lo que no le quita fuerza a lo argumental ni a la sustancia creativa.
Irene Sofía Rodríguez Garay era una mujer morena, alta, nada atildada en el vestir, siempre de buen talante. Poseía una humildad sin pretensiones y no hacía gala de sus conocimientos que eran muchos. Basta la lectura de “Vidas y Paisajes”, para advertir su formación académica. Fue una docente de actuación versátil en la Escuela Normal de Quilmes, donde fue designada el 13 de mayo de 1916 e ingresó el 29 de mayo, el mismo año que egresó la primera promoción del magisterio de esa casa de estudios, creada en 1912.
Docentes de la Escuela Normal de Quilmes, 1926. La segunda sentada desde la izquierda Irene S. Rodríguez Garay
Docentes y alumnos de la Escuela Normal, Rodríguez Garay de saco claro detrás de la señora de las pieles.
DE RAMALLO A LA PLATA DE LA PLATA A QUILMES
Esta educadora nació en la localidad de Ramallo, sobre las barrancas del río Paraná el 13 de julio de 1898 (aunque alguna documentación le adjudican 5 años de edad más, nacida en 1893, confusión que luego, como veremos, le traerá ciertas dificultades) En ese pueblo de la provincia de Buenos Aires donde se levanta el estrambótico castillo normando que el poeta "gauchesco" Rafael Obligado (1851 - 1920), autor del muy autóctono "Santos Vega"[3], insólitamente, mandara construir para su mujer Isabel Gómez Langenheim.
Fueron padres de Irene, don Porfirio Rodríguez (n. 8/9/1841) y doña Fidela Garay (24/4/1863). Tuvo un hermano Domingo que vivió largos años con ella hasta su muerte en 1961. Su padre, de primeras nupcias, había tenido otros hijos.
Quizá la diferencia de edad del nuevo matrimonio que contrajo don Porfirio produjo desavenencias en la parentela y lo impulsó a establecerse con su nueva familia, a poco que naciera Irene,  en la ciudad de La Plata, precisamente en la calle 2 Nº 1235 (1º piso) donde la docente permanecerá el resto de su vida.

CARRERA DOCENTE
En la capital provincial, Irene Sofía obtiene el título de Profesora de Enseñanza Secundaria Normal Especial en Pedagogía y Ciencias Afines de la Universidad Nacional de La Plata, título muy extenso al que supo sacarle réditos y que superó con creces a lo largo de su carrera docente y su acción cultural. También era bachiller egresada del Liceo de Señoritas de esa ciudad y maestra.
A poco de su ingreso en la Escuela Normal fue subregente hasta el 1º de octubre de 1941 en que fue designada regente, en calidad de iniciadora, en el Departamento de Aplicación, además de dictar las cátedras de pedagogía y castellano. Fue vicedirectora interina a partir del 23 de mayo de 1944 y titularizada el 1º de abril de 1955, año en que ocupó la dirección interinamente hasta 1956; cargo al que volvió en la misma condición en 1960.
Formó el primer núcleo de "Tardes Culturales", convocando a figuras relevantes de las ciencias, las artes y las letras como Víctor Mercante, Rafael A. Arrieta, Leopoldo Longhi, Alfonsina Storni, Baldomero Fernández Moreno. Estos encuentros se realizaban en la sala del teatro Colón de la Sociedad Italiana. 
Formó el Instituto de Extensión Cultural con figuras representativas y gran número de alumnos de la localidad. Creo el curso de declamación para niños bajo la dirección de Blanca de La Vega y Olga de La Fuente.

EL COLEGIO NACIONAL
El 5 de enero de 1962, ingresó como titular en el Colegio Nacional con 10 horas de castellano en 1º año, cargo con el que substituía a otro notable educador quilmeño, don Alfredo Quebleen Tessieres. Inmediatamente el 11 de marzo fue designada rectora de esa institución, cargo que asumió el 12 de abril,  conservando sus cátedras en la Escuela Normal. Pero al año siguiente, la confusión creada por su fecha de nacimiento (1893 ó 1898) la enfrentó con una decisión fortuita, la jubilación de oficio que le impusieron a partir del 5 de abril de 1963. Si bien Irene S. Rodríguez Garay apeló la medida, después de varios ires y venires se confirmó  la misma y esta docente, a quien sus alumnos apodaban, cariñosamente, "la china Dominga", por su temperamento alegre, afectuoso y predispuesta a dar sus clases con mucho histrionismo, dejó la Escuela Normal, el Colegio Nacional y Quilmes definitivamente. Tenía 65 años de edad (ó 70) y 46 años formando maestros en Quilmes.

CONDICIONES
Terminó su carrera con un 91,17 % de asistencia, lo que demuestra que no la amedrentaban los viajes diarios desde y hacia La Plata. Sus cualidades fueron ampliamente consideradas por sus superiores, destacándose su espíritu solidario. Un documento, que consta en su legajo, detalla la colaboración especial prestada desde el año 1932, hasta el 31 de agosto de 1938; notas tomadas de los libros copiadores: I) Fue felicitada por el acto dirigido en el Instituto de Extensión Cultural. 12/7/32 (Disp. Nº 13. Pág. 215. Nota 273) II) Atendió con carácter ad honorem durante 2 hs. de Física en 3er Año  y 2 en 3º B - 1/10/32 (Cop Nº 13. Pág. 364. Nota 41) III) Colaboró atendiendo 2 hs de Física en 3er Año en reemplazo de la señora de Bianchi. [4] 8/4/33 (Cop. Nº 13. Pág. 173. Nota 97) IV) Fue propuesta en 1 h. de Música en 20 A 31/7/33 (Cop. Nº  14. Pág. 377. Nota 305) V) Fue propuesta en reemplazo de la Sra. de Molina.[5]  9/11/35 (Cop. Nº 17. Pág. 416. Nota 544) VI) Se la designó para atender 6 hs. de Literatura en reemplazo del Señor Carrizo (quien hizo el prólogo de su libro) 9/9/36 (Cop. Nº 19. Pág. 33. Nota 427. VI) Se le agradeció su cooperación desinteresada en las horas del Sr. Carrizo 20/8/37. (Cop. Nº 20. Pág. 392. Nota 474) 
OTRAS OBRAS
 Rodríguez Garay publicó también otras obras. "Ritmos", una compilación de conferencias que dio en varias instituciones de La Plata, Quilmes y Córdoba. Excelente compositora, realizó la letra y la música de zarzuelas de temática infantil: "Soldados", "La princesita Blanca Nieves" y "La princesa Fregona o El Rey Cuervo", una adaptación de cuentos de los hermanos Grimm. Y puso música a zarzuelas infantiles escritas por quien fue el director de la Escuela Normal el profesor Juan Manuel Cotta: "Las dos muñecas", gavota [6]; "Copito de nieve", minueto [7]; "Las madrecitas", canción de cuna, "Avecita errante", zamba y "Sembraremos", canción; obras editadas por Ricordi. Colaboró con el diario "La Prensa" y la revista "Caras y Caretas".   


En el diario “El Sol” del jueves 28 de junio de 1962 le hicieron a la profesora Rodríguez Garay una entrevista que aquí transcribimos:  
EN SU DESPACHO DEL COLEGIO NACIONAL DE QUILMES LA ENTREVISTAMOS.
— ¿Qué impresión puede darnos sobre el Colegio Nacional?
— Existe en el alumnado una juventud encomiable, digna de la dirección que concrete en ellos su verdadero ideal, la formación integral en lo que respecta a su alma, cuerpo y mente. Al joven debe orientárselo, encaminarlo, llevarlo despacio, por sendas firmes de deberes, y responsa­bilidades. Los conocimientos deben suministrárseles en profundidad.
En síntesis formar en ellos la real dimensión de los va­lores y forjar su personali­dad.
Debo agregar que cuento con un personal correcto, responsable, de ellos puede esperarse todo lo que se anhela. Trabajaremos unidos hacia un mismo fin, libre de egoísmos.
ESCAPE A LA ENERGÍA
— Por sobre todo eso. ¿Ha­cia dónde orientará, su acción?
— Para dar escape a la energía juvenil es acertado dejarles un campo fértil y propicio a sus propias iniciativas. La formación de un Club Colegial con propia dirección puede servir a esos fines. Nú­cleos, como el ya proyectado de ajedrez con algún encuentro ganado u otros como el de fútbol, también en marcha.
Otro de mis anhelos será tratar de acercar al Colegio a los egresados, con la for­mación de un Centro de Exalumnos.
También espero unir los núcleos, ahora separados, en uno solo dentro del personal.
Quiero destacar la actitud del alumnado que ha obser­vado perfecta presentación en los desfiles así como la bri­llante actuación del coro. Su disciplina es natural, sin exigencias, todo librado a la propia responsabilidad.
SALUDO A LA ESCUELA NORMAL
Desde mi flamante cargo hago llegar un saludo a mi que­rida e inolvidable Escuela Nacional Normal Mixta “Almirante Guillermo Brown“en el año de su cin­cuentenario.


 Chalo Agnelli
Cristina Secco
Comisión Administradora de la Biblioteca P. P. Goyena
Aportes orales del Prof. Celiar R. Cella
FUENTES 
Archivo de la Escuela Normal de Quilmes. 
Biblioteca Popular Pedro Goyena.
Diario El Sol, jueves 28/6/1962
http://luisalberto941.wordpress.com/

NOTAS
[1] “La Historia de la Editorial Tor reflejada en un libro”:  En 1916 Juan Carlos Torrendell (1895-1961) un catalán que había llegado a la Argentina siendo niño  funda una editorial a la que inicialmente bautiza con su apellido, que se acorta luego a Tor y  se convierte a partir de los años treinta en una verdadera usina productora de libros (cerca de 12.000 títulos entre 1916 y 1971)  que a precios muy accesibles y abarcando los más diversos géneros literarios, significó un notable aporte a la cultura popular argentina. En 1939 lanzó Pif-Paf,  la revista a través de la cual se  difundieron grandes títulos de la historieta americana, en 1940 salieron a la calle las primeras ediciones de Batman, fuera de las estadounidenses Por Carlos Abraham. Ver:  http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/libros/10-4767-2012-08-24.html
[2] César Carrizo, nació en La Rioja en 1889, destacándose como escritor, como catedrático y como periodista. Trabajó varios años en la Escuela Normal de Quilmes. Cuando Rubén Darío dirigía en París su famosa revista Mundial — dice Federico Carlos Sáinz de Robies — Carrizo remitió a ella un cuento denominado “La huerta”, recibiendo no sólo la satisfacción de verlo publicado, sino el espaldarazo consagratorio”. El haber de su obra fue copioso y variado. Entre los títulos fundamentales conviene recordar: “Holocausto”, “El dolor de Buenos Aires”, “Llama viva”, “Perfume de mujer”, “Santificada sea”, “El domador”, “Imagen y jerarquía de Rosario”, “Un lancero de Facundo”, “Una vida ejemplar”, “Imágenes del país”, “Rapsodia viajera”, “Viento de la altipampa”, “Caminos argentino”, “El rastro de los conquistadores”, “La risa del diablo” y “Los hombres de piedra”. Medularmente romántico y apegado a los temas nacionales, Carrizo fue un escritor de gran oficio, que en su época conquistó muchos lectores mediante la fórmula fácil de una construcción dramática de tipo directo, sin complicaciones innovadoras de ninguna naturaleza. Falleció en Buenos Aires en 1950 (por Ariel Ferraro en “Poetas y escritores riojanos”- http://bibliotecamarianomoreno.org) 
[3] En 1872, Hilario Ascasubi publicó en ParísSantos Vega o Los Mellizos de La Flor, extenso poema en el que Santos Vega desempeña el papel de narrador de la historia de los mellizos de Luis y Jacinto. Santos Vega conoce en una pulpería a Rufo Tolosa quien lo invita a su rancho donde le cuenta la historia de aquellos. Poco después, Eduardo Gutiérrez contó a la manera de folletín la historia de Santos Vega y su amigo Carmona, perseguidos por la justicia. Obligado tras leer la obra de Gutiérrez, concibió su inmortal poema "Santos Vega" en 1885
[4] Haydée P. Estrella de Bianchi, profesora secundaria de Física y Química 
[5] Crescencia López Oliveros de Molina. Maestra egresada de la Escuela Normal Mixta de Azul en 1907. Ingresó a la Escuela el 23 de abril de 1912.
 [6] La gavota (gavotta, gavotte, gavot o gavote), originada como una danza popular francesa. Con un compás de 4/4 Ó 2/2 y velocidad moderada, la distinción básica de la gavota original consiste en que las  frases se inician siempre en la mitad del compás, es decir en la tercera nota.
[7] El minueto o 'minué', es una antigua danza tradicional de la música barroca  originaria de la región francesa de Poitou.

domingo, 3 de noviembre de 2013

BUSCANDO A HUDSON ENTRE LOS PÁJAROS DE LONDRES

Guillermo Enrique Hudson según un óleo de William Rothenstein que se conserva en la National Portrait Gallery de Londres.

Recorriendo las páginas de los rotograbados dominicales de La Prensa que recientemente donara don José Ítalo Nonna a la Goyena encontramos algunas notas especiales para este diario sobre nuestro Guillermo Enrique Hudson. Buscando a Hudson entre los pájaros de Londres por María Teresa Maiorana, salió en la edición del 19 de noviembre de 1961. 
María Teresa Maiorana fue precursora de la Literatura Comparada, teoría cuya fundación lleva su nombre. Esta escuela reflexiona sobre los principios teóricos, comparativos, históricos y críticos que sustentan la teoría de la literatura y procura ampliar el campo de reflexión sobre la tradición literaria, sus crisis y transformaciones e interrelacionar de manera crítica todos estos conocimientos. Maiorana es autora entre otros libros de: “Rubén Darío y el mito del Centauro” (1961), “Cuatro estudios de literatura comparada” (1964),  “Ophelie, Millais et Trois Ecrivains de France” (1969) editados por L'amitie Guérinienne. 
Esta literata fue una reputada colaboradora de los rotograbados de La Prensa. Aquí reproducimos su artículo sobre Hudson para agregar nueva bibliografía y nuevas particularidades del escritor de “El vendedor de bagatelas”, obra que recién reeditara “Buenos Aires Books”, presentado en la feria del libro de Berazategui. Chalo Agnelli

La "cuadriga" de Hyde Park Corner.
“Buscando a Hudson entre los pájaros de Londres”

Para el viajero que llega del “continente”, Londres reserva una impresión singular de dinamismo pujante, avasallador. Ante esa riqueza de vida aparente y oculta se da la paradoja de medir mejor la insignifican­cia de la propia existencia individual, de sentirla anulada y, al mismo tiempo, cobrando cabal conciencia de su valor humano, de su capacidad de superar las cosas por el entendimiento. En ese doble engranaje nos lanzamos esta mañana de domingo, en esta ciudad tremenda, a buscar algo tan ingrávido, tan leve como un “santuario de pájaros”, el monumento erigido a la me­moria de quien aquí se sintió también viajero - ¿no declaró acaso morir cuando dejó la pampa? - para dedi­carse a seguir, por encima de la altura de los hombres, la vida que cruza el cielo.
El itinerario obliga a pasar por Saint James’s Park [1] y nos depara así la sor­presa de un espectáculo que se aviva en la luz dorada, de amable tibieza. Los zoológicos modernos presentan a sus animales “como en libertad”, pero los seres felices que habitan este predio lo están realmente. Legado prodi­gioso de un rey de gusto exquisito y de cuantos supieron mantenerlo intac­to venciendo las dificultades apareja­das por los cambios de costumbres e ideas.
En este hilo de agua, en estas islas pequeñitas que alzan inextricable ma­raña de follaje, vive gran número de aves acuáticas. Con la desenvoltura que da la independencia entrecruzan de una orilla a otra las líneas de sus vuelos, desaparecen en el fino rayado de los juncos, se internan entre las frondas tupidas. Junto al borde, letre­ros y diagramas indican los rasgos capaces de identificarlas y atribuirles sus nombres. Resulta apasionante el cotejo de los datos con el pájaro mis­mo que se acerca a veces como de intento, hasta su propia descripción. Pero buscamos en vano ciertos ejem­plares, ninguno de cuantos halagan nuestra vista en este momento, respon­de a determinadas referencias.
Hechizados por la gracia de los mo­vimientos, por la belleza y variedad de formas y colores, preferimos dejar de lado todo conocimiento erudito para dedicamos de llenó, en beatífica igno­rancia, al encanto puro de la contemplación. Chapuzones, seguridad elegantísima de evolución en el agua, donde apenas un rizo denuncia las patas su­mergidas; sombras que se deslizan en lo hondo para emerger después ines­peradamente allá lejos, con una sacu­dida, cuando aquí cerca recompuso ya el cristal su quebrada trasparencia. Plumaje donde la gama de los irisados rivaliza con los tonos llenos, garbo de­licadísimo de una cabeza, de un pico, de todo un cuerpo esbelto cuando sur­ca la corriente, de graciosa pesadez fuera de ella. Ganas dan de inmovili­zarse olvidando cuanto no sea esta vida colmada de armonía… Cerca de ella se demoraba también Hudson en sus paseos por la ciudad y guardan sus libros recuerdos de sus andanzas y observaciones. Nos alejamos, pues no es dable retardar más nuestra ida a Hyde Park.
[...]
Llegamos al Dell, donde acaba el Serperttine. Aquí contemplaba Hud­son a los trabajadores que se acerca­ban a los pájaros durante los meses de verano. Debió ser la misma luz, muy parecido cielo y, bulliciosos como los de hoy, los gorriones de entonces debieron alborotar a ratos buscando como éstos el sustento. Seguimos el curso del arroyo. Pintorescos puentecitos, árboles altísimos de follaje vapo­roso, esfumado; otros, de follaje tupido y líneas netas. Todos los verdes se escalonan y se mezclan dándose recípro­co relieve, haciendo resaltar por vecindad y por contraste su peculiar ma­tiz. Los céspedes extensos dilatan sus manchas claras. Algo de nuestro Palermo, el de antes...
Nueva consulta al plano para no equivocar la ruta: el monumento a Hudson figura hacia el centro de Hyde Park. Preguntamos. Sí. Coinciden las respuestas, vamos por buen camino. Pero una vez en el lugar donde, se­gún todos los datos, ha de estar ubi­cado el monumento, no damos con él.
Inesperada contradicción: los tran­seúntes interrogados ahora no conocen el Hudson’s Memorial y nada saben de algo por aquí que pueda referirse a él. En un vasto espacio ceñido por es­peso seto se adivinan amplias construc­ciones. No puede ser esto. Retrocedemos hasta hallar más lejos, en un claro, una oficina de policía. Pero na­die acude a los sonoros campanilleos de nuestros timbrazos, casi violentos en el silencio. Detrás de una ventana abierta, junto a un escritorio, un perro enorme nos mira con displicente dis­gusto y vuelve a su sueño aunque su actitud exterior, levemente rígida, de­nuncie atención vigilante. Nuestro desconcierto crece, y con él un principio de fatiga, pues no han dejado de repre­sentar camino considerable estos recorridos frustrados.
Desalienta sobre todo no saber qué hacer ya, a quien acudir... De pron­to - no adivinamos de dónde - surge un policía y viene a nuestro encuen­tro. Figura altísima. Entre la sombra del casco y el barbijo, un rostro de niño, sonrosado y rubio. “¿El monu­mento a Hudson? - repite lentamente reflexionando - Hace algún tiempo es­tuvo un argentino que también buscaba la estatua de Hudson, pero aquí no hay ninguna estatua”. 
Aclaramos de inmediato. Somos tam­bién argentinos y buscamos, como nuestro compatriota, el monumento a Hudson, pero no una estatua sino un “santuario para pájaros”. “Allí está”, nos indica con gesto seguro, señalando hacia el seto. “Pero de allí venimos y no hemos encontrado nada”. “Detrás - insiste - hay una entrada, allí está el santuario”. Agradecemos y, dóciles aunque no del todo convencidos, nos encaminamos de nuevo hacia el lugar. Y ahora, en efecto, hallamos, un tanto disimulado por la concavidad mis­ma, el santuario
Obra escultórica de Jacobo Epstein que recuerda a Hudson en el Hyde Park de Londres

EL SANTUARIO QUE RECUERDA A HUDSON 
Amplio semicírculo ocupado por una fuente rectangular a la que otras dos dan flanco; frontera, una gruesa placa de piedra puesta de canto ostenta el altorrelieve. Finos hi­los de agua brotan del borde donde figura la inscripción: “Este santuario para pájaros está dedicado a la me­moria de W. H. Hudson, escritor y naturalista”. Entre varios arbustos me­nores, dos árboles corpulentos, como amables centinelas. Fina barrera me­tálica prohíbe todo acercamiento, sólo los pájaros, seguros de su dominio privado, van y vienen deteniéndose en la orilla del estanqué somero. Alguno be­be delicadamente en el chorro cristali­no, con grititos de gozo, sin interrum­pir el vuelo.

La obra de Epstein, [2] que hasta “me­reció” el alquitrán denigrante de un exaltado, reproduce a Rima, la de “Mansiones ver­des”  [3].
Personalmente, hubiéramos ima­ginado muy distinta a la heroína de este libro cuyo conjunto se nos figura como un haz de sol atravesando la fronda da una selva, pero entendemos la rigurosa plástica de esta represen­tación. Rima ha perdido su ligereza etérea para encarnar la fuerza vegetal a la que el amor da impulso inconte­nible hacia lo alto. En el decidido ara­besco en diagonal, los brazos de la mujer, su estilizada cabellera son alas alzándose de un árbol simplificado: su propio cuerpo. Los pájaros que la ro­dean parecen más estáticos que ella misma aunque todo el conjunto se exal­ta en tensión de vuelo. Figuras de es­cueta síntesis en armonía de espacios y volúmenes. Contradictoria alianza de finura y tosquedad y un trabajo de planos ante el cual resulta inevitable la evocación de Bourdelle. [4] 
Dos fechas: el nacimiento (1841) y la muer­te (1922) de Hudson. Nada más. ¡Qué honda poesía, cuánto sentimiento de belleza y de arte para lograr esta sencilla con­junción en la cual los pájaros en li­bertad animan la piedra y el agua con la gracia infinita de la vida! Por su sortilegio, de este lado del mar, tan remoto de lo nuestro, revivimos de pronto en este parque londinense las descripciones de Hudson, sus correrías, sus inmovilizaciones de observador atento, su sensibilidad de inigualada vibración...
Es domingo, y a pocos pasos, las pa­rejas han invadido el césped... Pero nosotros estamos muy lejos, entre las matas de oxipétalo rosado, bajo los gritos de los teros, frente a la pampa, toda cielo... (Ana María Maiorana)
En la analepsis final Maiorana cae en la nostalgia, a pesar de la magnificencia del lugar,  y la inmensidad pampeana que no murió en Hudson, pero murió él, porque ¿no declaró acaso morir cuando dejó la pampa?,  y surge en la autora frente al sobrio santuario de las aves. 
Chalo Agnelli
Compilador y bibliógrafo

NOTAS



[1] El terreno sobre el que se asienta el parque de St James fue adquirido por Enrique VIII en 1532. En este sitio, se construyó el palacio de Saint James. Carlos II abrió el parque al público. A lo largo de los siglos, el parque fue utilizado como Zoo Royal. En la década de 1830, John Nash rediseñó y revitalizó árboles, prados y jardines. Si bien la nota fue escrita hace 52 años atrás aún hoy el parque ofrece un hábitat para una gran variedad de especies de fauna y el lago es hogar de 15 especies de aves acuáticas, como pelícanos. 
[2] Sir Jacob Epstein (1880- 1959) fue un escultor estadounidense nacido que trabajó principalmente en Gran Bretaña. Estudió en París, donde fue alumno de Auguste Rodin. Es el autor de la tumba de Oscar Wilde en el cementerio Père Lachaise.
[3] Publicada originalmente en 1904, “Mansiones verdes” no sólo es una extraordinaria meditación sobre el universo de la selva amazónica, sino también una historia de amor entre una india llamada Rima y Abel, un aventurero venezolano que huye de una fallida conspiración para derrocar al gobierno de su país. Admirado por maestros como Joseph Conrad, Jorge Luis Borges, Virginia Woolf o Miguel de Unamuno, Hudson es sin lugar a dudas el mayor escritor de la naturaleza y su obra enlaza el espíritu romántico con el interés actual por el medio ambiente y la ecología. 
[4] Émile Antoine Bourdelle (1861 – 1929) fue uno de los escultores franceses  más destacados de la Belle Époque y antecedente de la escultura monumentalista del siglo XX


DONACIÓN DE JOSÉ ÍTALO NONNA: ROTOGRABADOS DE LA PRENSA

En este mundo donde pareciera que todo está superado por la cybernética, por la televisión con su decadencia farandulera y su tremebunda agenda noticiosa y por las llamadas "redes sociales" (que enredan e insocializan), donde los libros no tiene estantería ni la historia (la que no sea de partido) tiene razón de difusión, aún hay quienes se comprometen con la letra escrita y buscan resguardo para lo que una vez fue el mayor instrumento difusor de educación y cultura, entre otras muchas cuestiones, que gestó la humanidad, el periodismo
Edificio de La Prensa en Avda. de Mayo
Mal que nos guste o nos pese a algunos, el periódico argentino La Prensa tuvo una época relevante en la transmisión de los elementos más significativos de la Cultura Nacional. Fue fundado por José C. Paz en 1869 (el 18 de octubre de ese año tomó la calle el primer número), un estanciero, político, diplomático que devino en periodista, representante de la Generación del Ochenta. Su línea editorial representaba la voz de la familia Gainza Paz y las ideas del liberalismo y el "conservadurismo"; durante la "década infame" (1930-1942) apoyó la política represiva establecida por los militares a partir del golpe contra el presidente Yrigoyen; así y todo alcanzó a ser el más importante medio de prensa argentino durante la primera mitad del siglo XX.
Modelo de ejemplar del rotograbado o huecograbado con su color típico
Como difusor de cultura este medio a través de lo que se llamó el suplemento (sección segunda) "rotograbado", en todos los estamentos, niveles o parámetros, podemos demostrar y esclarecer los bibliólatras de la Goyena que nada quedó afuera; posibilidad que nos da la generosa donación que hizo el amigo - ya quilmero - don José Ítalo Nonna, historiador, él también, fotógrafo, ex presidente del Club de Planeadores de Quilmes, una figura que no pasó desapercibida en la historia local.
Efectivamente Nonna hizo a la Biblioteca Popular Pedro Goyena la donación de una valiosa y numerosa colección de rotograbados del periódico La Prensa que engrosa y enriquece nuestra hemeroteca.
 
 José Ítalo Nonna
ROTOGRABADO
Hagamos un poco de historia para los estudiantes de Ciencias de la Comunicación. El rotograbado, más precisamente llamado huecograbado, es una técnica de impresión en la cual las imágenes son transferidas al papel a partir de una superficie cuyas depresiones contienen tinta, a diferencia del grabado tipográfico, en el que la impresión se realiza a partir de una superficie plana cuyas líneas entintadas están en relieve. 
Este sistema de impresión perdió terreno en algunas áreas de aplicación a manos del offset y la flexografía. Usado habitualmente en la de edición de libros y revistas de gran tirada, tiene como particularidad que la forma impresora es en bajo relieve.
La matriz impresora típica del huecograbado es el cilindro de impresión, básicamente de hierro con una capa de cobre sobre la que se grabará el motivo a ser impreso y una capa de cromo que permite una mayor resistencia o dureza durante el proceso de impresión (la capa de cobre es muy frágil y se rompería con gran facilidad durante el proceso).
Los procedimientos de grabado en hueco se clasifican, según el método de actuación del grabador sobre la plancha, en procedimientos de grabado directo, en los que la imagen sobre la plancha se consigue realizando incisiones sobre el metal con diferentes materiales, como: buril, punta seca y media tinta; y procedimentos de método indirecto: aguafuerte, aguatinta, barniz blando, tinta china con azúcar, etc.; en los que se utilizan productos químicos, generalmente ácidos, para marcar la plancha.
Se denomina grabado a la incisión de pequeñas oquedades, encargadas de transferir la tinta en la capa de cobre. El sistema de grabado más extendido actualmente es una cabeza de diamante, dirigida desde un ordenador, que se encarga de grabar la figura que se transferirá posteriormente al impreso mediante repetidos golpes. Cada cilindro tiene diferencias en su grabado que dependen del color y de la imagen que debe transferir. Estas diferencias se ven reflejadas por la lineatura, el ángulo de grabado de la trama y el porcentaje de puntos.
La prensa rotativa imprime directamente a partir de un cilindro de cobre tratado con ácido y que utiliza una tinta al agua de secado rápido. A medida que gira el cilindro pasa a través de un baño de tinta y es raspado posteriormente por un fleje de acero llamado racleta, dejando de esta forma la tinta sólo en los pozos del área con imágenes. De este modo la tinta es absorbida por la superficie del papel cuando entra en contacto con la placa.
Un original, para ser impreso, se descompone en los cuatro colores: sian, magenta, amarillo y negro. Para cada uno de los colores se utiliza un cilindro de impresión, encargado de transferir al soporte la tinta correspondiente. La suma de cada uno de los colores da como resultado final la imagen del original y ese tono que podríamos reconocer como "marrón-sepia" tan típico que tuvo la llamada "sección segunda" del La Prensa, que se entregaba todos los domingos con el diario.. 
La tinta es transferida al soporte impreso en el proceso de pasaje entre el cilindro de impresión y el cilindro de contrapresión. El soporte pasa inmediatamente por un túnel de secado, donde se inyecta aire caliente a presión, que evapora los solventes contenidos en la tinta dejando un residuo que se compone básicamente de una resina, encargada de fijar los pigmentos al soporte y que dan color al impreso y otros aditivos como plastificantes y endurecedores.

EL ROTOGRABADO EN LA GOYENA
A partir de esta comunitaria gentileza del señor José Italo Nonna EL QUILMERO EN LA GOYENA comenzará a publicar en esta página de blog aquellas notas que tengan mayor relevancia y representatividad en nuestra zona de influencia. Las primeras referirán a Guillermo Enrique Hudson y al Quilmes de los 300 años, según la letra del profesor Juan Carlos Lombán que fue un consecuente colaborador de este suplemento dominical.
 
Fernando San Martín, José Ítalo Nonna, Néstor Almuina y Chalo Agnelli en FM Elit 97.1

Chalo Agnelli
Bibliógrafo

FUENTES
http://es.wikipedia.org/wiki/Huecograbado

miércoles, 30 de octubre de 2013

ANTOLOGIA DE HUDSON CON ESTUDIOS CRÍTICOS DE BORGES Y OTROS

La Biblioteca Popular Pedro Goyena posee una abundante bibliografía de y sobre Guillermo Enrique Hudson. Este libro que reúne varias obras breves de nuestro escritor nacido en lo que fue el viejo Quilmes, en la estanzuela "Los Veinticinco Ombúes", el 4 de agosto de 1841, en una época que el partido se extendía desde lo que es hoy Avellaneda hasta la Magdalena y desde el Río de la Plata hasta San Vicente.
Este libro se terminó de imprimir el 5 de agosto de 1941, por Editorial Losada, en el Centenario del nacimiento de Hudson. El título es "Antología de Guillermo Enrique Hudson" y el subtítulo "Con estudios críticos sobre su vida y su obra". Precede las críticas el eminente Dr. Fernando Pozzo un exégeta de Hudson y un eminente quilmero por cuánto hizo y dio en cultura, educación a Quilmes y por el  enriquecimiento de nuestro patrimonio histórico. Ese año Pozzo era comisionado municipal y estaba en plena actividad pública.
Le siguen los estudios son de Ezequiel Martínez Estrada, Jorge Casares, Jorge Luis Borges, H. J. Massingham, V. S. Pritchett y Hugo Manning.
Detengámonos en la nota sobre "La tierra purpurea" que escribió Borges para este libro: ESTA novela, primogénita de Hudson, es reducible a una fórmula tan antigua que casi puede comprender la Odisea; tan elemental que sutilmente la difama y la desvirtúa el nombre de fórmula. El héroe se echa a andar y le salen al paso sus aventuras. A ese género nómada y azaroso pertenecen el Asno de Oro y los fragmentos del Satiricón; Pickwick y el Don Quijote; Kim de Lahore y Don Segando Sombra de Areco. Llamar novelas pica­rescas a esas ficciones me parece injustificado: en primer término,
por la connotación mezquina de la palabra; en segundo, por sus limitaciones locales y temporales (siglo dieciséis español, siglo diecisiete). El género es difícil, por lo demás. El desorden, la incoherencia y la variedad no son inaccesibles, pero es indispensable que los gobierne un orden secreto. He citado algunos ejemplos ilustres; quizá no haya uno que no exhiba defectos evidentes. Cervantes moviliza dos tipos: un hidalgo “seco de car­nes", alto, ascético, loco y altisonante; un villano car­noso, bajo, comilón, cuerdo y dicharachero; esa discordia tan simétrica y persistente acaba, por quitarles realidad, por disminuirlos, a figuras de circo; Kipling inventa un Amiguito del Mundo Entero, el libérrimo Kim; después, imperdonablemente, le da el horrible oficio de espía. Anoto sin animadversión esas lacras; lo hago para juz­gar The Purple Land con pareja sinceridad. 
El mayor defecto de esta novela es (me parece) la vana y fatigosa complejidad de ciertas aventuras. Pienso en las del final: son lo bastante complicadas para fatigar la atención, pero no para interesarla. En esos onerosos capítulos, Hudson parece no entender que el libro es suce­sivo (casi tan puramente sucesivo como los viajes de Simbad o como el Buscón) y lo entorpece de artificios inútiles. En realidad, su novela tiene dos argumentos. El primero visible: las aventuras del inglés Richard Lamb en la Banda Oriental. El segundo, íntimo, invisible: el acriollamiento de Lamb, su conversión gradual a una mo­ralidad cimarrona que recuerda un poco a Rousseau y prevé un poco a Nietzsche. Sus Wanderjahre [1] son Lehrjahre [2] también.
Quizá ninguna de las obras de la literatura gauchesca aventaje a The Purple Land. Sería deplorable que tres o cuatro errores o erratas, (Camelones por Canelones, Acia por Arias, Gumesinda por Gumersindo) nos esca­motearan esa verdad. The Purple Land es fundamen­talmente criolla.
En Ascasubi hay una felicidad no menor, hay rasgos más vívidos, pero están inconexos y secretos en tres tomos incidentales, de cuatrocientas páginas cada uno. El Martín Fierro (pesé al proyecto de canonización de Lugones) está falseado por inconvincentes bravatas y por una quejumbre casi italiana; Don Segando, por el afán de magnificar las tareas más inocentes. Nadie ignora que su narrador es un gaucho; de ahí lo doblemente in­justificado de ese gigantismo teatral que hace de un arreo de novillos una función de guerra. Güiraldes ahueca la voz para referir los trabajos cotidianos del campo; Hudson (como Ascasubi, como Hernández, como Eduardo Gutiérrez) narra con toda naturalidad hechos acaso atroces.
Alguien observará que en The Purple Land el gaucho no figura sino de modo lateral, secundario. Tanto mejor para la veracidad del retrato, cabe responder. El gaucho es hombre taciturno, el gaucho desconoce, o desdeña, las complejas delicias del recuerdo y de la introspección; mostrarlo autobiográfico y efusivo, ya es deformarlo. 
Otro acierto de Hudson es el geográfico. Nacido en la provincia de Buenos Aires, en el círculo mágico de la pampa, elige sin embargo la tierra cárdena donde la montonera fatigó sus primeras y últimas lanzas: el Es­tado Oriental. Esta elección propicia le permite enriquecer el destino de Richard Lamb con el azar y con la va­riedad de la guerra: azar que favorece las ocasiones del amor vagabundo. Macaulay, en su artículo sobre John Bunyan, se maravilla de que las imaginaciones de un hombre sean con el tiempo recuerdos personales de mu­chos otros. Las de Hudson perduran en la memoria: el gaucho ensimismado que pita con fruición el tabaco ne­gro, antes de la batalla; la muchacha que se da a un forastero, en la secreta margen de un río.
Mejorando una frase qué James Boswell ha divulga­do, Hudson refiere que muchas veces en la vida empren­dió el estudio de la metafísica, pero que siempre lo in­terrumpió la felicidad. La frase (una dé las más her­mosas del mundo) es típica del hombre y del libro. Pese a la brusca sangre derramada y a las separaciones, The Purple Land es de los pocos libros felices que nos han deparado los siglos. (Otro, también americano, también de sabor casi paradisíaco, es el Huckleberry Finn de Mark Twain)
 Jorge Luis Borges

NOTAS


[1] Años migrantes, errantes, peregrinos. 
[2] Período de aprendizaje

EL LEGADO INMERECIDO

Y, sin duda, de esta fuente borgiana, también abrevó el profesor Juan Carlos Lombán para su “Guillermo Enrique Hudson o el legado inmerecido”, donde se explaya ampliamente, asociado a la teoría que aquí enuncia Borges sobre la visión y el conocimiento del gaucho que tiene Hudson, el hombre de la pampa que él mismo fue. El libro del Prof. Lombán será próximamente reeditado por la "Editorial Buenos Aires Books” que desde hace algunos años está publicando la obra de Hudson y cuanto sobre él se ha escrito.

 Foto del monumento a Hudson que se halla en Hyde Park, Londres, Inglaterra.
ESTUDIOS CRÍTICOS
 Después de la “Semblanza de Hudson” del Dr. Pozzo y el texto antepuesto de Borges, siguen: “Estética y filosofía de Hudson”, por Ezequiel Martínez Estrada; “Hudson y su amor a los pájaros”, por Jorge Casares; “Nota sobre La tierra purpúrea”, por Jorge Luis Borges; “Hudson, el naturalista”, por V. S. Pritchett; “Hudson, el gran primitivo”, por H. J. Massingham; “Significación e influencia futura de Hudson”, por Hugo Mann­ing 

En las Paginas escogidas de Hudson se hallan los capítulos de “Allá lejos y hace tiempo”: Primeros recuerdos, La muerte de un perro viejo, El monte, Un gran pampero, Mi primera visita a Buenos Aires

El criador de overos, El animismo de un niño

De. Días de ocio en la Patagonia”: ¡Al fin en la Patagonia!, La víbora de la cruz, La guerra contra la naturaleza, La vida en la Patagonia, El sentido de la vista en los salvajes, Las llanuras de la Patagonia. De “El naturalista del Plata”:El puma o león de América, Biografía de la vizcacha; De “El ombú”: El niño diablo; De “Aventura entre pájaros”: Cardenal: Historia de mi primer pájaro enjaulado.
 Y culmina en libro con detalle de la bibliografía hudsonina: “Obras de Guillermo Enrique Hudson”
  
El libro fue adquirido en la librería "Santa Rita", propiedad de Orlando Carbone y Alicia Bornand de Carbone, que proveyeron de libros a los quilmeños hasta mediados de la década del `70, pero esa es otra historia. 


Bibliógrafa Cristina Secco
 Chalo Agnelli
Docente, escritor, historiador y bibliógrafo

lunes, 28 de octubre de 2013

LA BIBLIOTECARIA DE AUSCHWITZ / ANTONIO G. ITURBE (COLABORACIÓN)

La historia de la chica de 14 años que repartía libros en Auschwitz.
Una novela se basa en cómo Dita Kraus, de forma clandestina, administraba ocho ejemplares entre 500 niños.

Durante la Segunda Guerra Mundial, y dentro del campo de exterminio de Auschwitz, existió lo que dio en llamarse el “barracón familiar” que, por un tiempo, funcionó a modo de escuela para los cerca de 500 chicos que había en el campo en ese momento. Allí, y con solo ocho libros, entre ellos un Atlas Universal, Nueve caminos de la terapia psicoanalítica, de Sigmund Freud y Breve Historia del Mundo, de H. G. Wells, se creó una biblioteca clandestina que fue custodiada por una de las pequeñas, Dita Kraus, llegada al campo desde el gueto de Terezin, en lo que hoy es la República Checa. Para ella, su labor de bibliotecaria se convirtió en algo de vital importancia en el empeño de salir viva del que fue el mayor de los genocidios registrados en el Siglo XX.
En la vida en ese barracón se centra el argumento de La bibliotecaria de Auschwitz (Planeta), del escritor y periodista español Anotino G. Iturbe, que se vale de los recursos propios de la ficción para narrar la gesta de Dita, que con solo 14 años, se vio obligada a dejar de ser una niña para ocuparse de una importante labor, sin saber aún, que formaría parte de la Historia.
-¿Cómo llegaste a la historia del barracón y su bibliotecaria?
-Leyendo La Biblioteca de noche, de Alberto Manguel. En un capítulo, comentaba que en un barracón de Auschwitz existió una pequeña biblioteca clandestina formada por tan solo ocho volúmenes. Entonces quise saber cómo había sido posible.
-¿Y por qué novelar la historia en lugar de hacer un reportaje?
-Intenté escribir un libro de no ficción, pero después de un año de recopilar información, solo conseguí tener papeles llenos de fechas, cifras, nombres, lugares… y me faltaba lo fundamental: transmitir la emoción que me embargaba al pensar que en medio de la negrura humana más absoluta, alguien hubiera tenido el coraje de poner en marcha una biblioteca clandestina.
-¿Hasta dónde describes la realidad y hasta dónde entra en juego la ficción?
-Es una novela, no una biografía de Dita Kraus. Los personajes son reales y su trayectoria fue, en líneas generales, la que se relata, pero hay situaciones que son ficción, diálogos que me gusta pensar que pudieron darse o que me sirven para poder ilustrar asuntos importantes.
-¿Qué fue lo que más te impactó al conocer esa vivencia?
-Que alguien considere que vale la pena jugarse la vida para poner en marcha una escuela me resulta extraordinario. Que en medio del horror de un lugar como Auschwitz se abra un libro y se encienda una pequeña luz, me emociona profundamente.
-¿Qué suponen los libros en medio de tanto horror?
-En medio del terror paralizante de unos niños indefensos que sienten cada día el aliento de la muerte en su nuca, de pronto alguien abre un libro y enseguida abre una ventana a otro lugar, a otro momento.
Los libros no pudieron borrar a los nazis, pero pudieron hacer que unos niños fueran felices durante un instante.
-¿Conociste a Dita?
 - Sí, en el proceso de documentación me encontré con que la muchacha de catorce años que manejaba los libros en el barracón había sobrevivido y estaba viviendo en Israel.
-¿Leyó el libro? ¿Qué dijo al respecto?
-Se acaba de traducir al checo, así que lo está leyendo. Me reta porque meto la pata con algunos detalles y porque el personaje inspirado en ella la hace parecer una heroína, y no quiere que la vean así. Dice que a ella le dijeron que se ocupara de los libros, pero que si le hubieran dado una escoba se habría puesto a barrer.
-La Historia, ¿se repite siempre?
-Por desgracia, nos cuesta mucho aprender y muy poco olvidar. La historia de la mezquindad humana se repite, por eso no hemos de olvidar lo que pasó durante el Holocausto.
Ninguna grandeza se puede construir sobre la humillación y la matanza.
 Colaboración Carlos Córdoba
FUENTE
http://www.clarin.com/sociedad/historia-chica-repartia-libros-Auschwitz_0_1019298105.html

domingo, 27 de octubre de 2013

V ENCUENTRO VIRTUAL DE BIBLIOTECARIOS ESCOLARES



La Biblioteca Nacional de Maestros invita a participar del V Encuentro Virtual de Bibliotecarios Escolares. “Bibliotecas escolares e inclusión digital. TIC: sentidos y prácticas educativas desde las bibliotecas”, el próximo 7 de noviembre de 13 a 18 horas. La jornada se realizará por medio del sistema de videoconferencia en los auditorios de la Fundación O.S.D.E. de distintas localidades del país.
En esta oportunidad, el Encuentro se centrará en los desafíos y prácticas a cargo de las bibliotecas escolares en la incorporación de tecnologías de información y comunicación para expandir su horizonte en la gestión de la información, la promoción de la lectura, la investigación y el trabajo colaborativo.
Así, se propone reflexionar sobre los escenarios de bibliotecas y experiencias educativas en que la apropiación y resignificación de estos recursos y herramientas digitales, tensionan sus límites y usos posibles en la búsqueda de sentidos compartidos en la escuela.
Consulte el programa disponible en la página web del Encuentro.
Conozca las sedes de la Fundación O.S.D.E. en distintas localidades del país en las que se transmitirá el Encuentro.
Inscripción. La participación es libre y gratuita, con cupos limitados. Ingrese al formulario electrónico para inscribirse en la sede de la Fundación O.S.D.E. de su localidad. Se entregarán certificados de asistencia. 
Equipo Programa BERA - Biblioteca Nacional de Maestros




BIBLIOTECA POPULAR PEDRO GOYENA